lunes, 2 de enero de 2017

¿No tenemos remedio?

Chocolate, galletas y botones
Todo ocurrió una noche de invierno, cuando un grupo de soldados se puso a cantar villancicos. El enemigo, que se encontraba a escasos metros, escuchó las voces cantar y decidieron también acompañarles en los cánticos. Al cabo de un rato, uno de los soldados salió de su trinchera y se dirigió en son de paz a la trinchera enemiga, de ella surgió un general. Comentaron aquello que había ocurrido y decidieron darse una tregua esa noche.

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Charlaron juntos todos los soldados, bebieron e incluso jugaron un partido de fútbol. Pasaron todo el día juntos hasta que al final se despidieron intercambiándose regalos, chocolate y galletas. Se cuenta que los que no tenían nada que ofrecer, se arrancaban botones del uniforme y los utilizaban como objeto de cambio...

Al día siguiente la guerra retomaba su curso, tocaba disparar contra los hombres que hacía unas pocas horas habían compartido risas y cantos...
Pues bien, aquella batalla fue la única de la gran guerra en la que no hubo bajas ni heridos. Los disparos se fueron cielo arriba dado que nadie quiso disparar contra un nuevo amigo...
El partido de futbol... terminó, la batalla también terminó... lo que nunca terminó fue la amistad.

Esto que os acabo de contar es la tregua de navidad que tuvo lugar en 1914 durante la primera guerra mundial, entre soldados franceses y alemanes. Y si, fue real. De hecho aquí tenemos alguna de las pocas fotos que colaron.

La verdad es que este tipo de historias... no hacen mas que exaltar el sin sentido que es la guerra, y ahora, que estamos rodeados de tantos conflictos en diferentes partes del mundo, de algún modo demuestra que los seres humanos también somos capaces de hacer cosas buenas.

Pese a que estemos cansados de que 19 de cada 20 noticias del telediario sean malas, pese a que todos los días veamos a países como Siria llorar la pérdida de sus raíces, o ver cómo la codicia de los gobiernos capitalistas permiten que los teléfonos móviles (por poner un ejemplo) se fabriquen con las lágrimas de los niños del congo (Os invito a buscar de dónde viene el coltán)

Pese a que esos soldados, que un día decidieron ser felices juntos, fueran condenados y fusilados a los 6 días por desobediencia y alta traición ¡¿Qué es eso de confraternizar con el enemigo?!
Pese a todo eso... quiero pensar que en el mundo hay generosidad, y que en el fondo todos queremos charlar, beber, jugar al fútbol juntos y olvidarnos definitivamente del "Y yo mas", dejar ya de creernos el ombligo del mundo y empezar a vivir con dignidad y en paz.

En fin, cambiar esto tiene que ser posible, esta historia de la primera guerra mundial es la prueba de que lo es y en nuestra mano está.
Espero entonces que el 2017 sea menos violento que el anterior, aunque hayamos empezado con el pie torcido...

David.

Pd: Nunca dejéis de hacer aquello que nos enseña a mirar el mundo, nunca dejéis de leer.



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